4.1. TERMINOLOGÍA
La diversidad de
expresiones: doctrina social de la Iglesia, magisterio social de la Iglesia,
enseñanza social de la Iglesia, pensamiento social de la Iglesia, doctrina
social católica, teología social, moral social, filosofía social, catolicismo
social, pensamiento social católico, hace necesario precisar los términos.
Análisis del nombre
Doctrina etimológicamente
significa: enseñanza, instrucción. Existen doctrinas de carácter religioso,
político, científico, filosófico. En nuestro caso es religiosa. Cristo fue un
maestro, el Maestro por antonomasia, la Palabra sustancial, el Verbo, y sus
enseñanzas y ejemplos, transmitidos por la Sagrada Escritura y la Tradición de
la Iglesia, constituyen una verdadera doctrina en el sentido indicado.
Ser doctrina implica
formar un conjunto orgánico de enseñanzas, un “corpus” que en este caso está
especificado por pertenecer a la institución de la Iglesia católica y por estar
formado por "principios de reflexión, criterios de juicio y directrices
de acción” (SRS 8).
Social procede
del vocablo latino socialis, adjetivo derivado del nombre socius,
que significa: socio, compañero, asociado. El término social es muy amplio y
puede servir para calificar todas las manifestaciones de la vida de relación de
las personas entre sí y esta misma vida en su conjunto o vida social.
Se distinguen dos grandes
áreas de lo social: la referente a las relaciones sociales individuales, particulares,
privadas, de carácter informal (amistad, noviazgo...) y la relativa a las
relaciones formales, institucionalizadas, públicas, derivadas en mayor o menor
grado de la vida organizada de la sociedad.
La DSI no abarca lo
social en el sentido particular y privado, eso es competencia de la moral
privada, sino sólo en el sentido de las relaciones sociales formales o
institucionalizadas.
De la Iglesia significa
que esta doctrina es propia de la Iglesia católica, como institución
organizada. Esto comporta:
1.
El sujeto
de la DSI es toda la comunidad cristiana, en unión y bajo la guía de
sus legítimos pastores, en la que también los laicos con sus experiencias cristianas,
son activos colaboradores. (OE, Orientaciones para el estudio de la DSI).
2.
Procede
inmediatamente de la jerarquía de la misma Iglesia. Ella
ostenta la representación de la comunidad cristiana, ejerce oficialmente la
función de magisterio y, tiene por institución divina el derecho y el deber de
custodiar la doctrina cristiana y exponerla.
3. El ámbito propio de esta doctrina es el mismo que
el de dicha función magisterial, la fe y las costumbres y de todo lo que
guarde relación con ellas, en la vida social.
4.
Forma
parte de la función pastoral. Tiene la finalidad práctica de orientar las ideas
y la actuación social de los católicos en la vida social institucionalizada, de
acuerdo con la revelación.
Podemos definir la DSI
como conjunto orgánico de principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción, sobre las relaciones sociales formales
derivadas de la vida social humana institucionalizadas, enseñado, a la luz del
Evangelio y en el ejercicio de su función pastoral, por el Magisterio de la Iglesia
Católica, con la asistencia del Espíritu y la cooperación de los teólogos y de
los especialistas en ciencias sociales.
Los elementos esenciales son:
·
Naturaleza: doctrina o conjunto
organizado de principios, criterios y directrices.
·
Origen: resultado de la reflexión de la Iglesia sobre las
realidades sociales cambiantes a la luz de la Revelación y de la Tradición.
·
Objeto: lo social, entendido como relaciones sociales
institucionalizadas, visto a la luz del evangelio.
·
Fin: pastoral de orientar el pensamiento y la actuación
sociales de los católicos en el campo social.
·
Sujeto: la Iglesia católica en su conjunto, por medio del
magisterio.
4.2. NATURALEZA
Ha habido una
preocupación por determinar la naturaleza y la metodología que existe en la
evolución de la DSI.
1.
La DSI
intenta discernir la naturaleza de la enseñanza cristiana respecto a la vida
social. Dos motivos: por una parte, trata de indicar las tareas y la
responsabilidad de los cristianos en el campo del compromiso social y, por
otra, intenta crear un consenso universal de cara a la solución de los
problemas concretos de la vida social.
2.
La DSI
aparece claramente como un modelo de elaboración teológica, propio de la moral,
cuyo campo de reflexión es la vida social (LE; SRS; CA).
3.
Aparecen
diversos principios éticos y sociales pertenecientes al patrimonio de la fe y
de la moral y con una proyección dirigida a la historia. Hay que tener en
cuenta varias dimensiones: la ético- doctrinal y la práctico-histórica.
4.
La naturaleza
es “corpus quoddam doctrinae”, un cierto cuerpo doctrinal (SRS 1). Un conjunto
doctrinal orgánico:
“para la Iglesia
enseñar y difundir la doctrina social pertenece a su misión evangelizadora y
forma parte del mensaje cristiano” (CA 56).
5.
Hoy, la
naturaleza de la DSI deberá buscarse dentro de la teología de la nueva
evangelización, ya que desde ahí se entenderá que esta Doctrina:
“no es otra cosa que un modelo de
ser cristianos. Para que en una sociedad se ponga en marcha lo que la DSI sugiere y estimula a pensar y actuar, es necesario un nuevo
encuentro de los cristianos con el cristianismo, una nueva pertenencia a la
Iglesia y a la comunidad cristiana” (Serreti, Génesis del sujeto de la doctrina social cristiana).
6.
El campo
propio de la DSI es el de los principios generales y de los juicios y
orientaciones basados en ellos... No la corresponde constituir un modelo de
organización de la sociedad determinado, que pueda enfrentarse como alternativa
a otros modelos, ni tampoco un programa de actuación política, económica,
social... Ni es tercera vía, aunque sus principios puedan ser fuentes de
inspiración.
7.
No es una
ideología o construcción racional que tenga como finalidad servir de fundamento
o justificación de un movimiento social o político concreto. El objetivo es:
“interpretar esas realidades, examinando su
conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y de
su vocación terrena y, a la vez, trascendente para orientar en consecuencia la
conducta cristiana” (SRS 41).
4.3. CONTENIDO
1.
Universal. Sin limitación alguna, y no excluye, en principio
ninguna materia o cuestión de tipo social, aunque no las abarque todas
necesariamente en el momento, sino progresivamente, según se van planteando los
problemas con trascendencia social.
2.
Temático.
“...se preocupa de los derechos humanos de cada
uno, en particular del “proletariado”, la familia y la educación, los deberes
del Estado, el ordenamiento de la sociedad nacional e internacional, la vida
económica, la cultura, la guerra y la paz, así como el respeto a la vida desde
el momento de su concepción hasta la muerte” (CA
54).
4.4. DIMENSIONES
1a. Teórica porque está formada por principios teóricos de
raíz teológica, moral oracional, derivados del Evangelio y la experiencia
humana de la Iglesia.
2a. Histórica porque los documentos están en conexión y hacen
referencia a situaciones históricas determinadas y porque los principios de
reflexión, criterios de juicio y directrices que contienen se utilizan para
iluminar las situaciones y las ideologías sociales, políticas y económicas
vigentes de cada época.
3a. Práctica. Se dirige a orientar la acción humana y demanda
la aplicación práctica de esos principios en la vida real.
4.5. COMPETENCIA DE LA
IGLESIA EN EL CAMPO SOCIAL
La Iglesia, “nacida del
amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Espíritu
Santo” (GS 40), recibe toda su competencia, para actuar como Iglesia, de Dios
por medio de Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Por ello es una competencia
que tiene su origen divino y en consecuencia es indiscutible para el que admita
la fe en la que se basa la Iglesia.
León XIII en RN dice acometer la exposición de la DSI “confiadamente
y con pleno derecho nuestro” (12).
Pío XI en QA: “hay que establecer lo que hace ya tiempo confirmó
claramente León XIII, que Nos tenemos el derecho y el deber de juzgar con
autoridad suprema sobre estas materias sociales y económicas... La Iglesia no
puede en modo alguno renunciar al cometido, a ella confiado por Dios, de
interponer su autoridad, no ciertamente en materias técnicas, para las cuales
no cuenta con los medios adecuados ni es su cometido, sino en todas aquellas
que se refieren a la moral. En lo que atañe a estas cosas, el depósito de la
verdad, a nosotros confiado por Dios, y el gravísimo deber de divulgar, de
interpretar y aún de urgir oportuna e inoportunamente toda la ley moral, somete
y sujeta a nuestro supremo juicio tanto el orden de las cosas sociales como el
de las mismas cosas económicas” (41).
Pío XII escribe “es, en cambio, a no dudarlo, competencia de la Iglesia, allí
donde el orden social se aproxima y llega a tocar campo moral, juzgar si las
fases de un orden social existente están de acuerdo con el orden inmutable que
el Dios Creador y Redentor ha promulgado por medio del derecho natural y de la
revelación”.
MM 3 y GS 3, en lugar de reiterar este derecho y deber de la
Iglesia, se refieren a la preocupación de Cristo y de su Iglesia por las
necesidades materiales de las personas y a la disposición de diálogo y colaboración eclesiales con el
mundo para la solución de los problemas de la persona y de la sociedad.
Juan Pablo II se refiere de modo especial a esta cuestión en CA
5 y da una respuesta a la misma que se puede considerar definitiva:
“León XIII siguiendo las huellas de sus
predecesores estableció el paradigma permanente para la Iglesia de hacer oír su
voz ante determinadas situaciones humanas, individuales y comunitarias,
nacionales e internacionales, para las cuales formula una verdadera doctrina,
un corpus, que le permite analizar las realidades sociales, pronunciarse sobre
ellas y dar orientaciones para la solución de los problemas derivados de las
mismas”.
“Para la Iglesia, enseñar y difundir la doctrina
social pertenece a su misión evangelizadora y forma parte esencial del mensaje
cristiano, ya que esta doctrina expone sus consecuencias directas en la vida de
la sociedad y encuadra incluso el trabajo cotidiano y las luchas por la
justicia en el testimonio de Cristo Salvador”.
4.6. LÍMITES DE LA
COMPETENCIA DE LA IGLESIA
Dado su origen divino no
tiene límites ni en el espacio ni en el tiempo.
“La Iglesia tiene una palabra que decir tanto hoy
como hace veinte años, así como en el futuro” (SRS 41).
La DSI se dirige primero
y principalmente a los católicos, respecto de los cuales tiene fuerza obligatoria
moral, como ya veremos, pero también, de alguna forma a todas las personas de
buena voluntad. En cuanto a la materia, la competencia de la Iglesia no tiene
tampoco unos límites restringidos a determinas cuestiones sociales fijas, sino
que caen en su campo todas las que se pueden derivar de la vida social
organizada a lo largo del tiempo y del espacio (SRS 41).
4.7. FUNDAMENTOS DE LA
INTERVENCIÓN DE LA IGLESIA CON SU DOCTRINA EN EL CAMPO SOCIAL
Los motivos y razones
principales son:
1.
El vínculo
entre evangelización y promoción humana y social. La DSI es un componente
indicado de la evangelización, la intervención de la Iglesia en el campo social
con su doctrina encuentra su primer y principal fundamento en la misma misión
evangelizadora de la Iglesia.
2.
El carácter
moral esencial de la vida social organizada.
“Las razones éticas constituyen la
dimensión fundamental de la existencia humana, incluso en el campo de la
actividad que suele llamarse política... De aquí saca sus profundas premisas
toda la así llamada DSI, que particularmente en nuestra época, comenzando desde
finales del siglo XIX, se ha enriquecido enormemente con toda la problemática
contemporánea” (Juan Pablo II, Discurso a la CE Polaca, 15 de
Junio de 1979).
3.
La necesidad
de los principios morales y sociales para la paz social.
“La doctrina de Cristo es necesaria
para la armonía y estabilidad de la vida social humana” (Juan XXIII, Discurso de apertura del Concilio, 11
de Octubre de 1962).
4.
La influencia
de las condiciones sociales en la vida espiritual y moral de las personas. Esta
influencia es un hecho comprobado científicamente y de experiencia común. Uno
de los factores que influyen en la formación de la personalidad humana en todos
sus aspectos es el ambiente o los ambientes sociales en que desarrolla su vida
cada persona. Por eso hay que reconocer el derecho y el deber de la Iglesia de
intervenir con su doctrina para iluminar y discernir estas condiciones
sociales.
5.
La experiencia humana de la Iglesia y su
dedicación a la persona.
“La
Iglesia es experta en humanidad y esto la mueve a extender necesariamente su
misión religiosa a todos los campos en los que los hombres y las mujeres
desarrollan sus actividades” (SRS 41).
4.8. VALIDEZ DE LA DSI
Se pueden distinguir las
siguientes modalidades:
1a. Validez por el origen de
donde procede, la Iglesia Católica. Por su origen institucional, la DSI será
válida si la Iglesia católica, de la cual procede está legitimada y tiene
aptitud para formular los principios, juicios y directrices de la DSI y si esta
formulación entra dentro de sus funciones.
2a. Validez de contenido. Está
formada por principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de
acción. Dichos principios pueden consistir en:
= > Verdades de fe, en este caso la adhesión intelectual que reclaman
del creyente es incondicional e igualmente cuando se trate de verdades que el
magisterio de la Iglesia ha definido como comprendidas en el depósito de la fe
revelada por Dios.
=> En el caso de que las expresiones de referencia, sin formar parte
propiamente de la Revelación, pertenezcan al campo de la fe o de las
costumbres, exigen del creyente una religiosa sumisión de la voluntad y del
entendimiento.
“Los obispos cuando enseñan en comunión con el
Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad
divina y católica; los fieles, por su parte tienen obligación de aceptar y
adherirse con religiosas sumisión del espíritu al parecer de su Obispo en
materias de fe y de costumbres cuando él las expone en nombre de Cristo. Esta
religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento de modo particular se
debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex
cáthedra de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y
con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él mismo, como pueda
descubrirse ya sea por la índole del documento, ya sea por la insistencia con
que repite una misma doctrina, ya sea también por las fórmulas empleadas” (LG
25).
= > Juicios sobre doctrinas y acontecimientos
“La solicitud pastoral me ha movido además a proponer el análisis de
algunos acontecimientos de la historia reciente. Es superfluo subrayar que la
consideración atenta del curso de los acontecimientos para discernir las nuevas
exigencias de la evangelización, forma parte del deber de los Pastores. Tal
examen, sin embargo, no pretende dar juicios definitivos, ya que de por sí no
atañe al ámbito específico del magisterio” (CA 3).
= > Expresiones de carácter normativo. La obligatoriedad de los
preceptos de la ley divina y de la ley natural con sentido social será la misma
que la de estos tipos de preceptos según la moral general.
= > Sobre las directrices de acción contenidas en la DSI y que no
pertenecen a la ley divina o natural, se puede afirmar que es excepcional que
los Papas y Obispos pretendan imponer mediante ellas preceptos específicos
distintos de los de la ley divina, natural o eclesiástica, en lugar de meras
orientaciones o indicaciones, como indica el mismo nombre de directrices.
En síntesis, en la DSI se
encontrarán algunas verdades absolutas y valores universales que
escapan a la contingencia y la historicidad y que forman la base de los
documentos y a su lado mucho más concretamente afirmaciones históricas y
prudenciales que proyectan los valores absolutos a las
circunstancias concretas (criterios de juicio).
3a.
Validez social.
= > Respecto a la aceptación en la Iglesia. Innegable la preocupación
social de los Papas, Obispos, Conferencias Episcopales.
= > Respecto al conocimiento de la DSI, a pesar de que siendo “uno de
los elementos esenciales que conciernen a la formación de los laicos” es
bastante precario en el pueblo cristiano. La deficiente difusión de las
enseñanzas de la DSI y la carencia de una adecuada formación en clérigos y
laicos (SRS y CA).
= > En la sociedad en general es muy escasa y es manifiesto su
desconocimiento en ambientes no religiosos. No goza de prestigio en los
ambientes universitarios y académicos. Lo cristiano ya no es determinante de
los modelos, valores e instituciones sociales que integran la realidad social
de nuestro tiempo, como lo fue en la Edad Media. Al contrario, todo el largo
periodo histórico de la modernidad que los posmodernos acaban de declarar
caducado pero no superado, consiste en un proceso ininterrumpido no sólo de
liberación de la tutela religiosa medieval, sino también de remoción de la
Iglesia de su anterior posición social con el intento de reducirla cada vez más
al ámbito privado.
= > Respecto a la eficacia de la DSI hay que distinguir el ámbito de los
principios y el de la praxis. En el primero, el Evangelio, la vida y las
enseñanzas de Jesús, constituyen la máxima expresión de los grandes valores de
verdad y veracidad, libertad y responsabilidad, unidad y fraternidad, igualdad
y justicia, caridad y solidaridad...
“Como en tiempos de León XIII sigue siendo idónea para indicar el recto
camino a la hora de dar respuesta a los grandes desafíos de la hora
contemporánea, mientras crece el descrédito de las ideologías. Como entonces,
hay que repetir que no existe verdadera solución a la cuestión social fuera del
evangelio y, que por otra parte, las cosas nuevas pueden hallar en él su propio
espacio de verdad y el debido planteamiento moral” (CA
5).
En el segundo -el orden
de la praxis- a pesar de muchos pecados y limitaciones en muchos de nosotros,
también hemos de reconocer el testimonio de tantas personas que han consagrado
y siguen consagrando su vida a estas tareas y el número de laicos que han
llevado a la práctica, individual y colectivamente, las enseñanzas sociales
cristianas en los distintos campos de la vida pública y privada, de manera
frecuentemente oculta.
No obstante, hay mucho
camino por recorrer.
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